en islalarga con ella
Recuerdo el juego del horizonte. "Ves esa línea allí, tócala con tu dedo", me decía. De nena ibamos casi todas las semanas a Breña, Dorado. Mientras mi hermano y yo recogíamos caracoles, esqueletos de erizo y cristales pulidos, la veíamos sentada cerquita de las olas, por horas, quieta, muy ella, hasta más no poder.



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