De vuelta al F con cuatro deseos

"Boca de la tierra, déjalo en el suelo: 
no toques, no lo toques, no te engañe el cariño…" 

"Saetas en el aire", Le Parody

 


Primer deseo: Llevo días tratando de ir en contra del primer deseo.  El primero me dice que corra lo más rápido posible, con o sin lo que tenga encima, como cuando alguien persigue a una para estrangularla. Sí, que salga corriendo, aunque le pegue la frente a las ventanas del tren, me caiga escalera abajo, no llegue al andén o me electrocute con las vías. 

Como acto de desobediencia diaria, intento quedarme quieta, casi detrás de mí, buscando forma de obsesionarme con la parte de la espalda que no alcanzo a tocar. Cuando logro acomodarme en ese espacio extraño, cierro los ojos sin importar dónde o con quien esté, y comienzo a imaginarme lo que hay debajo del hueco. 

Hace un ratito, por ejemplo, me encontré con un cuerpo de agua tan amplio que no había espacio para ninguna otra imagen. Allí floté sin metas. Esta experiencia me acordó a la mal llamada transparencia, pero duró poco minutos porque las ganas de salir corriendo me invadieron hasta hacer estallar el agua, ahora vidrio regado por todo el vagón. 

Segundo deseo: Quedan asuntos no atendidos. Sorprende que nos levantemos temprano. Óyela. Lo amontonado en embelecos se taladra con nosotras, pero no escuchamos el ruido. Tampoco vemos tanto brazo desmembrado hecho cojín en el tren. Estos pares de oídos duermen cerca de los ojos, si es que hay ojos y no borrones, años, azufre, carne, gas. Bajo tierra llegamos instagram a ningún sitio. Vivimos, dicen. 

Tercer deseo: Tengo ganas de caminar con la cabeza de lado para ver mi doble colgado de cintas larguísimas, doradas desde el cielo hasta el fondo del río Hudson. Ver lo opuesto no es lo que deseo hoy. Triste es saber cuán lacerante es la cara completa que me sostuvo, mientras abría la noche para que las cosas dejaran de ocultarse. Obvio, lo menos que deseo es verla. Pasa eso y caigo muerta, y la vida con sus miles de patas cruzadas e incomunicables saldría corriendo torpemente por mis poros. Y la escena tardaría tanto en realizarse que me aburriría. Prefiero tempera, pan de oro, libros iluminados.

Regreso al segundo deseo: El ruido ha vuelto. Lo sé aunque no lo escuche, porque detrás de mí vienen los infinitos rosados, grises, acuáticos. Y mis pezones, monedas de cobre antiguo, han vuelto a ser cargados sólo por la gente que se atreve a sentarse cerca. La que respira hondo. Por otro lado, he notado que estoy llegando de un día al otro sin orgasmar lo suficiente. Siempre hay más, más, más. Y habemos nuevas aguavivas detrás de mí, y escribo habemos porque yo también ando detrás de mí, y no se me ocurre hablar=escribir de otra manera. 

Cuarto deseo:  Desconozco el lenguaje para decir lo que apenas sé sentir. Si no estoy muy cansada mañana, cuando vuelva a tomar el F, intentaré preguntarle a quien respire hondo de qué puede estar hechas las palabras que me llevan hasta aquí. 


Imagen: "La herida" encontrada en el manuscrito iluminado Psalter of Bonne de Luxembourg, 1349. 




 

 

 



Comentarios