A partir de hoy
Por Omar Guzmán Ralat
No, lo que se lea hoy sobre Puerto Rico no deriva solo del despreciable contenido de un chat, ni solo de la pésima gestión gubernamental tras el Huracán María, y ni siquiera de todos los despropósitos y corrupciones del actual gobierno o los inmediatamente anteriores, sea en San Juan o en Washington D.C.
Esto ha sido consecuencia de una frustración transgeneracional acumulada, confrontada por una serie de confluencias de mucho más de un siglo con un chivo culpablemente expiatorio en el momento preciso y en el indignante contexto de un antiguo y aún presente colonialismo: reforzado y constantemente reafirmado por Estados Unidos desde su invasión un 25 de julio de 1898, luego tristemente autoimpuesto con una alta dosis de ingenuidad bajo la fracasada forma de gobierno autonómico actual un 25 de julio de 1952, y ante el que cualquier exigencia de resarcimiento, búsqueda de transformación o modo de resistencia ha sido sistémicamente silenciado con ninguneo, persecución o violencia mortal, como el 25 de julio de 1978 en el Cerro Maravilla.
Este 25 de julio de 2019, Puerto Rico celebrará, a modo de redención de esa triple ignominia que ha cargado esta fecha, el no haberse permitido, por fin, perdonar ni olvidar a la ligera, sino más bien encarnar y cumplir, ochenta años después, los versos activistas de su poetisa Julia de Burgos en ‘Yo misma fui mi ruta’: ‘A cada nuevo azote la mirada mía se separaba más y más y más de los lejanos horizontes aprendidos’, sintiéndose ‘brote de todos los suelos de la tierra, de los suelos sin historia, de los suelos sin porvenir’ tomando una ‘expresión definida que asomaba un sentimiento de liberación íntima’ que anhela ‘la verdad del beso de los senderos nuevos’.
En esos senderos por (re)construir, el pueblo puertorriqueño celebrará también a partir de hoy haberse permitido la rareza de acceder a un sentimiento que más bien prefiere no alimentar más de lo que ya puede sentir recibirlo por indiferencia: el odio. Aunque canalizado productiva y no destructivamente, lo hizo en toda regla, sintiendo ‘antipatía y aversión por algo o alguien cuyo mal se desea’; porque el menor mal deseable a alguien aferrado a un poder conferido para hacer bien y que ya nadie le reconoce por mostrar no buscarlo, es que tenga que morderse los labios aceptando que se ve forzado por ello a devolverlo.
Por sí, y por todos los que habiéndolo intentado ya no están, el Pueblo de Puerto Rico, sabiendo que a ese residuo de odio no debería dársele de comer sino dejársele morir de hambre, ha logrado calar en el prepotente tuétano lastimado del gobernador renunciante Ricardo Rosselló, susurrándole estruendosamente en las últimas dos semanas los versos de iLe:
"Soy la respuesta perdida
Esa que siempre quisiste
Todo lo que no pudiste
Soy tu razón obstruida
Soy de tu pecho el vacío
El corazón carcomido
La inconsciencia en tu oído
El miedo que no ha dormido
Llevo el puñal en mis ojos
Cuidado que no te mire
De muertos hago un desfile
Si de momento me enojo
Tengo bruta la tristeza
Y puedo hacer cualquier cosa
El dolor ya no me acosa
Quiero explotar mi cabeza"
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