Un poema de Diego Rivelino
Y la soledad me masturbó por las sienes
me agarró con el interruptor entre los dedos
hizo el clic más espectacular de lo que era
y me chupó los ventrículos izquierdo y derecho
mientras pausaba y seguía el porno sagrado de sus letanías
mientras aullaba en el teclado los majestuosos himnos del éter
la soledad,
acobardada ante su sorpresiva inquietud
supuso que mis múltiples etiquetas
que mis más honorables máscaras
hacían parte de dementes orgías
supuso que yo era sólo pulmón rastrero e hígado pudiente
y ella la indisputable reina de esos territorios
escúchala
gime todo un planeta por cogerla de la mano y salir a caminar el jardín
culebra voraz poniéndole huevos al miedo
muslo a la intemperie
multitudes regocijándose.

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