Entró al D, y se sentó demasiado cerca.  Si fuese a describirla, diría que la muchachita no era ni feliz ni show off. Muy extraña la reina. Alguien que ande por ahí con una corona de plástico en la cabeza no debería verse tan aburrida.  Ni una sonrisa desde Brooklyn al Bronx.  Solo escuchaba música y tecleaba su celular. Pero-pero-pero... Quién soy yo para decir cómo, dónde y cuándo una debe cargar su corona.  Esto no es un concurso de belleza. Aparte, hay que despistar al enemigo. Una hace este tipo de cosas cuando sale a la calle. 

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