El opening





Llegamos tarde y con frío, y tan pronto pisamos la galería, tú te fuiste a la izquierda y yo a la derecha, y caminamos lo más lento posible, como si eso nos ayudara a ver las piezas mejor, y mientras pensábamos en virar (para llegar a la barra) nos detuvimos a hablar con medio mundo. Y lo hicimos así: un chin con cada persona. Una pregunta-shot por cabeza, y después, un ratote después, después, alguien anunció el desfile de modas, y yo quise pararme cerquita de la pasarela invisible, donde la gente que reía, jajajaja a mil, y se sacaba muchos selfies. Un selfie por cabeza. Un click directo al facebook. Y yo que no tengo un teléfono inteligente me enfoqué en beber y tragar de todo y beber eso que todos bebían. Y retraté a los modelos con mis ojos.  En cada pestañeo, un click. Un click por cabeza. Y de a poquito cada uno de ellos fue apareciéndose de la nada en el monitor de mi cabeza, vestido con un suit de astronauta.  No miento.  Y cuando se acabó el show, te encontré frente a la cámara de un canal local de televisión, porque todavía quedan televidentes en El Bronx, y noté tu incomodidad porque la reportera era guapa, pero tenía los dientes manchados con lipstick.  Y a ti, que siempre te ha dado pena tener un micrófono tan cerca de la boca, y más si es para hablar sobre tu obra con una reportera con los dientes rojizos, empezaste a temblar. Pero ahí no terminó la cosa porque ocurrió un milagro. Así lo como cuento, un milagro. UNO....Alguien, muy alto, casi sin ojos en el cuerpo, puso un disco de Nina frente a la enorme pintura en blanco y negro, donde ella aparecía multiplicada hasta la eternidad. Y se formó allí, delante de lo eterno, un semi-círculo perfecto de seres estropeados, como velitas prendidas sin poder. Y todos nosotros, todas, hasta los astronautas, empezamos a cantar sin espantarnos.  Y algo parecido a la alegría nos invadió, y nos fue desajustando profundamente, y nos fuimos quitando los abrigos y el reguero de tereques cargamos por dentro. Y es por eso que apenas recuerdo lo que pasó después, porque hubo un después, como siempre lo hay en este tipo de eventos.

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