Dos incidentes, un domingo cualquiera

Esa mañana salimos a caminar.  Guaro se llevó su cámara porque ahora no camina a ningún lado sin ella.  Ha recuperado la visión.  

Terminamos desayunando en un Bagel Shop.  Estabamos sentados al lado de un viejito que fue capturado por la cámara.  "Wow, qué grande, qué moderna," dijo.  "Mi esposa también toma fotos. El año pasado estuvimos en un crucero, y ella tomó muchas fotos hermosas.  El detalle es que ahora ninguno de los dos reconoce los lugares que vemos en las fotos."

Guaro y yo nos miramos.  Nos sonreímos con el viejito.  Luego, yo saqué un papelito y escribí (con disimulo) lo que acababa de escuchar.  A mí también se me olvidan las cosas importantes.

Mucho más tarde, de regreso del supermercado nos encontramos una palomita tiesa en la acerca.  Pensé que estaba muerta, y se lo comenté a Guaro.

"Yari, los pájaros no mueren paraos", me dijo.  

"Ajá, y qué voy a saber yo", refunfuñé, mirándola cuidadosamente.

Fastfoward.

Palomín lleva una semana con nosotros.  Guaro es su mamá, y yo la observadora.  Ya está aprendiendo a picotear y a mover sus alas negras.  Una de ellas está herida, pero no de gravedad.

Raro que aún no le haya tomado fotos a nuestro nuevo acompañante.

Comentarios

Raquel Z. Rivera ha dicho que…
Poderosos, ambos incidentes. Lo del viejito hace que se me encoja el corazón. Y palomín? Sigue mejorando? Espero que sí. Tu descripción del evento me dan ganas de abrazarlos a los 3 (con cuidado a palomín, para no lastimarle el ala).

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