Mini descubrimientos: compaginar un libro
Llevo muchas semanas
trabajando en lo que será la nueva edición de Sin Cabeza. Entre ferias, el
trabajo "regular", los bretes de la casa y otros compromisos, le he ido dado forma a este nuevo libro. La tirada es de 200. Por ahora, estoy trabajando con una tanda
de cien porque se supone que este bonche sea entregado a mitad de marzo.
Hoy - a diferencia de
otros días - me he dedicado trabajar sólo en la compaginación. Claro, no
puede ser de otra forma. Compaginar requiere toda mi atención. Aquí comparto
algunas ideas que han llegado a mi mente durante el proceso.
1. Una no coge un lente
de contacto de la misma forma que agarra una piedra. En arroz con habichuelas,
no todos los libros se agarran, se toman, se observan, se manipulan con la
misma fuerza o delicadeza. Hay libros tan pesados que no puedes leerlos mientras
estás acostada. Hay libros tan pequeños que no necesitas la mano entera para
mover sus páginas. Hay libros sin páginas. Hay libros con páginas en blanco.
Hay unos que se estiran y otros que se desamarran. Unos se encienden, otros se
palpan. No sólo los videntes leen libros.
2. Mi libro camina hacia
el desorden total porque no está cosido. Hoy me esmero por compaginarlo de
acuerdo al orden impuesto por mi imaginación. Pero, muy pronto, alguna persona
lo re-acomodará como pueda o quiera. A menos que sea tan obsesivo como yo, y
cree un índice para su uso. (Aunque Caja de voces tampoco está cosido, tal vez
su forma, el tamaño y la cantidad de las páginas no me llevó a preocuparme por
el posible "desorden".)
3. Mientras más lees un
texto, menos errores le encuentras, y mayor es la preocupación. Sabes que ellos
se están escondiendo de tu mirada inquisitiva. Mientras más lees un poema, más
patas le crecen al gato. Las conexiones se multiplican, no importan si son
lógicas o absurdas. Mientras más lees un poemario, los títulos comienzan a transformarse en versos. Todos los títulos juntos comienzan a formar un gran poema incomprensible.
4. El acto de compaginar
100 libros - sin tratar de encontrar errores - es casi imposible. Cuando logro
dejarme llevar por el cuerpo, el acto mismo se convierte en un tipo de
meditación. Cuando la mente me domina, los pies se trincan, la espalda se
tensa. Siento ganas de pararme, de caminar.
5. Mientras compagino
los libros también pienso que piqué todas las páginas porque así lo quise. Pude
haber llevado este paquetón de papeles a picar, pero algo en mí no quiso por
miedo a que la maquina me dañara lo que con tanto esmero había impreso. Y por
mis manías...porque si digo que el libro es hecho a mano, algo en mí se
contenta al saber que casi todo fue hecho a mano. (Loqueras mías).
6. Este proceso aún no
acaba. Falta la segunda tanda. Por lo menos no me ha dado por volver a revisar
cada poema. Mientras más los veo, desde todos los ángulos posibles, más acepto
que fui yo quien los escribí. Cada uno de estos poemas condensa muchas
historias y emociones. Son fotos apalabradas.
7. Todo tiene su ritmo. Aquí:
ni muy rápido ni muy lento.
