PARA MI SOBRINO
Anoche tuve el privilegio de compartir con mi sobrino: niño brillante de 7 años, canito, alterta, detallista y feliz. Mientras esperabamos la hora exacta para abordar el avión hacia Nueva York, nos pusimos a dibujar animales fantásticos. Luego, Leo quiso usar la calculadora de mi celular para practicar las sumas y las restas.
Detrás de mi sobrino, otro niño de su misma edad, buscaba la manera de ver la pantalla. Sumaba el 4 más el 2 con sus manos y se reía. El niño quería hablar con nosotros, o por lo menos eso parecía. Así que le pregunté su nombre. Leo se volteó con los ojos muy abiertos.
Al principio Leo no quería hablar directamente con Brendan, y me usaba de intermediaria. Pero eso a Brendan no le importó, y comenzó a señalarle lo mucho que se parecían el uno del otro. "You got glasses just like me!'..."You got eyebrows and a red shirt just like me...."
No sé en qué momento comenzaron a tocarse los dientes de leche, buscando los más aflojados. Increible, pensé. Aquí, dos niños se tocan el interior de sus bocas, mientras los adultos se ponen sus máscaras para "protegerse" de la fiebre porcina.
En menos de 20 minutos, ambos niños hablaron sin parar. Brendan hasta lo invitó a su casa en novmiembre para celebrar juntos su cumpleaños. Estaban culecos, como viejos amigos, que por casualidad se encuentran en el aeropuerto.
Detrás de mi sobrino, otro niño de su misma edad, buscaba la manera de ver la pantalla. Sumaba el 4 más el 2 con sus manos y se reía. El niño quería hablar con nosotros, o por lo menos eso parecía. Así que le pregunté su nombre. Leo se volteó con los ojos muy abiertos.
Al principio Leo no quería hablar directamente con Brendan, y me usaba de intermediaria. Pero eso a Brendan no le importó, y comenzó a señalarle lo mucho que se parecían el uno del otro. "You got glasses just like me!'..."You got eyebrows and a red shirt just like me...."
No sé en qué momento comenzaron a tocarse los dientes de leche, buscando los más aflojados. Increible, pensé. Aquí, dos niños se tocan el interior de sus bocas, mientras los adultos se ponen sus máscaras para "protegerse" de la fiebre porcina.
En menos de 20 minutos, ambos niños hablaron sin parar. Brendan hasta lo invitó a su casa en novmiembre para celebrar juntos su cumpleaños. Estaban culecos, como viejos amigos, que por casualidad se encuentran en el aeropuerto.

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