EN EL MAR LA VIDA ES MAS SABROSA
El sábado pasado, acostada frente a la posita del Escambrón, aprecié la libertad que nos da la playa...
Allí andamos casi desnudos, en lo que en otro espacio sería andar en pantis, brasieles, calzoncillos, descalzos y muchas veces mojados.
Libres son los rizos no aplastados por el blower, las carnes, las barrigas, los ombligos, los vellos, las caras sonrientes sin maquillaje. Libres al sol, completamente absortos los sentidos corporales.
Qué rico es sentir el sol, el agua, la arena. Una allí es puro cuerpo. Los poros y las pupilas mandan.
La prisa se tira debajo de alguna palma y las horas brillan sobre las toallas. Los niños se alejan de los padres menos estrictos, y las parejitas dan la larga caminata. Otros duermen, y algunos ligan.
No hay paredes, puertas ni casetas que dividan nuestro espacio personal. Y para colmo dejamos nuestros motetes tirados en nuestras casas invisibles. Y nos metemos al mar como si nada (o casi nada), sin pensar mucho en lo que nos puedan quitar porque no se necesita mucho para disfrutar la libertad que nos da la playa.
Digo: ésto solo pasa cuando nos hipnotizan las olas. Los que nos se dejan llevar por la marea se alteran, se ponen nerviosos. Ver tanta gente acostada, y sin pena, les aturde las neuronas. Pero de eso no quiero escribir hoy.
A mí sí me gusta hundirme, flotar, probar la sal y emplegostarme de arena.

Comentarios
Es cierto que en el mar la vida, no solo es más sabrosa, sino que es sabrosísima. Hace tiempito que no me revuelco en las arenas y el sol. El mar...ese idílico amor!!!