Con la memoria suelta


Las granolas saben a sontan lotion. El suntan lotion me acuerda a los fines de semana en Breña*, playa en Dorado donde recogía caracoles y más caracoles. Los caracoles me fascinan. Tengo cofres repletos de caracoles viajeros. Ellos se mudan conmigo, aunque la gente tuerce la cara cuando los riego por las esquinas de mi casa. Piensan que da mala suerte. No. No los leo ni se dejan leer.

La mala suerte no me acuerda a nada en particular. Tal vez a las escaleras. No me gusta treparme en escaleras largas y altas. El vértigo me asquea. Tampoco me gustan las machinas ni los paracaídas. En estos tiempos, subo y bajo las escaleras panorámicas de la Escuela de Medicina para pisotear esa rara sensación que distorsiona mi cuerpo sin dejar huella. Escalón por escalón, he logrado matarla un chin. Craq craq craq la voy aplastando hasta que sus tripas mojen los bordes de mis zapatos.

La palabra escalón se parece a tacón. Y tacón me devuelve a los días de high school en Queens. Cuando no estaba en un juki-pari brincoteando con una Forty en la mano, alquilaba películas españolas en la biblioteca más cercana. Las más melodramáticas. Escalón también tiene algo de stepping-stone: ese símbolo tan self-help, tan comercial que nos empuja a comprar más libros pillos espiritualinos.

Hoy me puse un pantalón negro con manchones hippiosos, saturados, críticos. Cuando me los pongo escribo más rápido. ¿Se imaginan mis manos? Borrosas como una foto mal tomada. Si fuera otra, pensaría que me dan ganas de correr. Yo nunca corro. Sólo camino cuando le doy una vuelta a mi nueva perra Sara Sapa Sata. Ella era realenga, y me gustaba que lo fuera. ¡Hasta que se le hinchó la oreja, y tuvimos que gastar un dineral en la oficina de un veterinario que se rehusó a operarle el cuajo porque “nuestros análisis confirman que Sapa tiene gusanos en el corazón”! Qué romántico! Ahora soy yo quien le extirpa el pus. Estamos todos bajo observación. Ojalá existieran Veterinarios Sin Fronteras Económicas. O Servicios Humanitarios Gratuitos. ¿Cómo aquellos que trataron de salvar cientos de niños en Chad? Jum, la gente demasiado buena no me convence.

Yo nunca quise ser veterinaria, mi hermano sí. Hoy es policía. La gente que se espanta al ver mis caracoles acostados en el piso no comprende que existen policías buenos, o buenos policías. Y pillos buenos, o buenos pillos. Cuando mi hermano y yo íbamos a Breña no recogíamos caracoles juntos. Juntos, pero no revueltos es uno los refranes que más voceo. Aparte de un buen polvo, hay pocas cosas bien hechas que la gente hace juntos y revueltos. Y no hablemos de las revoluciones porque así que no llegaremos a ningún lado.

TO BE CONTINUED

(*Por qué no puedo creer que Breña quiera decir otra cosa que no sea el nombre de la playa? ¿Por qué la memoria se empeña en controlar el significado de las palabras? Según el diccionario de mi compu es: fragosidad, aspereza, quebradura, impenetrabilidad)

Comentarios

NWPB ha dicho que…
Yara:

Me gustan las imágenes que plasmas. Sábes a mí también me gustan los caracoles y tengo cajas guardadas con muchos caracoles y algunos los tengo por la casa y no no creo al igual que tú, sean de mala suerte. Ahora cuando voy a la playa no los recojo por respeto a la vida marina y a los cobitos, una vez le escuché decir a una reportera que la escacéz de caracoles estaba obligando a los cobitos a usar latas de coca-cola vacías. La imágen me conmovió tanto que juré no volver a traerme los caracoles de la playa.

Algún día realizaré uno de mis proyectos, el cual será crear una especie de plan médico para las creaturitas pobres. Todavía no sé muy bien cómo lo voy a hacer pero lo voy a lograr. La fauna y los animales son una de las áreas que casi nadie atiende, excepto algunas personas que tienen toda mi admiración y son mis héroes al dedicarse a ayudar un poco a estos compañeros nuestros.

Cuídate mucho y espero que te recuperes pronto!!
Raquel Z. Rivera ha dicho que…
More! More! More! Me encanta este juego de memoria y palabras.