3 de mayo de 2012

Para Yolanda
Su cara intenta decir poco. 
O nada, como las demás viajeras. 


En su cuerpo, un río crece, se alarga, y se pasea 
por todos los recovecos, aún los más opacos. 
Brillan sus adentros.  


Este río no conoce el mar todavía. 
Pero crece y se extiende para avivar las criaturas microscópicas:   
esos seres luminiscentes tienen agallas para llorar.


Mientras menos dice su cara más lloran sus adentros. 
Igual que las demás, calla para no hundirse.