Para Yolanda
O nada, como las demás viajeras.
En su cuerpo, un río crece, se alarga, y se pasea
por todos los recovecos, aún los más opacos.
Brillan sus adentros.
Este río no conoce el mar todavía.
Pero crece y se extiende para avivar las criaturas microscópicas:
esos seres luminiscentes tienen agallas para llorar.
Mientras menos dice su cara más lloran sus adentros.
Igual que las demás, calla para no hundirse.
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